Poemas de Autores Ecuatorianos

Integrantes: Carolina Arevalo, Ivanna lascano, Domenica Figueroa, Heidy Sinchi.

Origen de la poesía Ecuatoriana

La Literatura ecuatoriana nos deja mucho de qué hablar, mucho en que pensar y discutir al respecto. Por ejemplo de dónde provino, como apareció y como llegó a ser tal y cual es actualmente.Adentrándonos al tema, la literatura ecuatoriana tuvo en sí influencia europea sin lugar a duda desde la colonización de nuestras tierras. Ya que no se ha encontrado escrito alguno sino hasta después de la llegada de los españoles. En la época de la colonia es donde aparecen existentes varios escritos en quichua de nuestros indígenas, entre ellas y una de las más famosas y atribuida a Jacinto Collahuazo es la titulada Elegía a la muerte de Atahualpa.

El poema trata sobre la situación de Atahualpa ante la llegada de los españoles y lo que se anticipa, y la ambición que tienen los recién llegados por el oro. El poema trata de reflejar la situación que se suscitó entre el Imperio Inca y los colonizadores.

Por ejemplo, en la traducción Luis Cordero:

«Como nieblas vi los blancos;

en muchedumbre llegar,

y oro y más oro queriendo,

se aumentaban más y más.»

Una característica común a toda la literatura ecuatoriana es su naturaleza básicamente costumbrista y, por lo general, unida casi exclusivamente a los sucesos y las costumbres más propiamente locales. En la época colonial, la literatura ecuatoriana mostró una tendencia hacia la temática religiosa y los personajes de La nobleza

CARACTERÍSTICAS DE LA POESÍA ECUATORIANA


La literatura ecuatoriana se caracteriza, en rasgos generales, por su tinte costumbrista y por encontrarse ligada a los sucesos nacionales. Las narraciones suelen girar en torno a la vida y las problemáticas del pueblo o de minorías.
También cuenta con una buena cantidad de poetas con trabajos de calidad. Sin embargo, no son pocos los que afirman que la poesía ecuatoriana no es muy reconocida fuera de sus fronteras,ante la falta de difusión y por la escasez de antologías en estos días.
De igual manera se ha caracterizado por ser esencialmente costumbrista y porque tiene mucho que ver con los sucesos exclusivamente nacionales, con narraciones que permiten darse una
idea de cómo es y se desenvuelve la vida del ciudadano común y corriente. El origen de la literatura ecuatoriana se remonta a las narraciones ancestrales que pasaron de generación en generación; estas primeras historias trataron temas fantásticos, mitológicos y legendarios.

Autores mas reconocidos de la poesía Ecuatoriana

Época Colonial:

De escritos antes de la llegada de los españoles, no se tiene ningún registro. Esto más que nada debido a que los incas no tenían un sistema de escritura establecido, por lo que sus leyendas y demás debían ser pasadas de generación en generación.
En la época colonial en cambio, existen varios escritos de indígenas ecuatorianos en quechua. Hablando de poesía, el máximo representante en Ecuador para esta época es el padre Juan Bautista Aguirre(1725-1786), nacido en Daule. Su poesía, al igual que la de la mayoría de poetas coloniales, está guiada por modelos españoles y es de temática casi exclusivamente religiosa.

Modernismo:

Medardo Ángel Silva fue el más alabado entre ellos, considerado por muchos el poeta más fino que ha tenido el Ecuador, aunque aun así publicó en vida sólo un libro de poesías, El árbol del bien y del mal. Otros poetas ecuatorianos considerados también modernistas son el cuencano Alfonso Moreno Mora (1890-1940) y el manabita José María Egas. (1896-1982).

El Romanticismo 

El Romanticismo nace en Ecuador de la mano de la poetisa quiteña Dolores Veintimilla(1830-1857), la que exaltó el amor, la lucha contra los prejuicios y una tristeza por amores no correspondidos. Es célebre su poema Quejas,muestra de la gran melancolía que la atormentaba y que la llevaría en última instancia a suicidarse en la ciudad de Cuenca, en 1857.

POEMAS

Poema: A mi Magdalenita
Autor: José Joaquín de Olmedo

Mi juguetona Musa,
aunque con torpe lira,
por esta vez pretende
consagrarte su voz, Magdalenita.

No examines si es dulce,
si es bella mi poesía,
atiende solamente
al afecto sincero que la dicta.

Pero en este momento
la memoria se aviva
de que estás tanto tiempo
del hermano que te ama, dividida.

Y este triste recuerdo
todo placer me quita,
y funestas ideas
sólo ofrece a mi triste fantasía.

Tinieblas me parece
la amable luz del día,
y me son hasta odiosas
las cosas que los otros ven y admiran.

Pero importa muy poco,
amable hermana mía,
que estemos separados,
estando nuestras almas tan unidas.

Ellas siempre atraviesan
la distancia infinita
que nos separa; se unen,
dulcemente conversan y se miran.

Se prestan mutuamente
las promesas más finas;
y un genio, un modo mismo
de pensar y de obrar, la unión confirma.

Alguna vez las dudas
perturban nuestra dicha,
pero a pocos instantes
como ligeras nubes se disipan.

¡Felices los que así aman!
Así Magdalenita
será con José, siempre
del amor fraternal imagen viva.

Mi corazón es tuyo,
Mis afectos, mi vida;
pero todo esto es menos
de lo que tu mereces todavía.

Mis tiernas expresiones
reparte en la familia,
adiós. Tu amante hermano.

Poema: ¡Quejas!
Autora: Dolores Veintimilla de Galindo

¡Y amarle pude! Al sol de la existencia
se abría apenas soñadora el alma…
Perdió mi pobre corazón su calma
desde el fatal instante en que le hallé.

Sus palabras sonaron en mi oído
como música blanda y deliciosa;
subió a mi rostro el tinte de la rosa;
como la hoja en el árbol vacilé.

Su imagen en el sueño me acosaba
siempre halagüeña, siempre enamorada;
mil veces sorprendiste, madre amada,
en mi boca un suspiro abrasador;
y era él quien lo arrancaba de mi pecho;
él, la fascinación de mis sentidos;
él, ideal de mis sueños más queridos;
él, mi primero, mi ferviente amor.

Sin él, para mí el campo placentero
en vez de flores me obsequiaba abrojos;
sin él eran sombríos a mis ojos
del sol los rayos en el mes de abril.

Vivía de su vida apasionada;
era el centro de mi alma el amor suyo;
era mi aspiración, era mi orgullo…
¿Por qué tan presto me olvidaba el vil?
No es mío ya su amor, que a otra prefiere.

Sus caricias son frías como el hielo;
es mentira su fe, finge desvelo…
Mas no me engañará con su ficción…
¡Y amarle pude, delirante, loca!
¡No, mi altivez no sufre su maltrato!
Y si a olvidar no alcanzas al ingrato,
¡te arrancaré del pecho, corazón!

Poema: A mis lágrimas
Autor: Julio Zaldumbide Gangotena

Corred, lágrimas tristes,
que es dulce al alma mía
sentiros a raudales
del corazón manar;
corred, que los suspiros
que exhalo en todo el día
las ansias de mi pecho
no bastan a calmar.

Triste, férvido llanto,
tus gotas de amargura
mitigan celestiales
la sed del corazón;
y sólo tú suavizas
mi horrenda desventura,
y sólo tú consuelas
mi lúgubre aflicción.

Que cuando de la cima
de dulce venturanza
desciende el alma al golpe
del dardo del pesar,
si entonces con la dicha
perdemos la esperanza,
nos queda sólo el triste
consuelo de llorar.

Y así la flor marchita
revive del consuelo
con lágrimas regadas
por lóbrego dolor,
como al nocturno llanto
de tenebroso cielo
cobran las flores secas
su aroma y su color.

Corred, lágrimas mías,
consuelo a mis dolores;
en férvidos raudales
del corazón manad;
y así, de mis ensueños
revivan ¡ay! las flores
que ha marchitado el rayo
del sol de la verdad.

Poema: Desde mi estancia
Autor: Numa Pompilio Llona

Mi ventana, que se abre a la campiña
do se extiende fantástico paisaje,
cubre del huerto trepadora viña
con la tupida red de su ramaje;
entre su fronda, hasta la oscura estancia
filtra su blanca luz la luna llena
que, alumbrando los campos a distancia,
surge en el cielo fúlgida y serena;
dando tregua a misérrimas congojas,
contemplo yo, de la penumbra opaca,
el arabesco de las negras hojas
que en argentado fondo se destaca;
de la cumbre de próxima montaña
desciende el aura y el follaje agita;
¡y siento entonces emoción extraña,
ansiedad soñadora e infinita!…
¡Afuera, allá, las mágicas florestas,
dormidos valles, encantados montes!…
¡Y esos hierros, y ramas interpuestas
ante aquellos grandiosos horizontes!…
De la terrena cárcel tras la reja,
mira así el alma con dolor profundo
el infinito que su luz refleja
en los oscuros ámbitos del mundo;
¡y así contempla en la penumbra hundida,
el lejano ideal de su ventura,
por entre las malezas de la vida,
donde, a veces, de lo alto descendida,
la divina pasión sólo murmura!…

Poema: Aria de olvido
Autor: Ernesto Noboa y Caamaño

Mi corazón es como un cementerio
que pueblan las cruces de lo que he perdido…
¡lo que no ha sepultado el Misterio,
va teniendo que hacerlo el Olvido!

Fraternal cariño que hoy se pudre inerte,
ternuras lejanas, pasión extinguida;
a los unos los segó la Muerte,
a los otros… los mató la Vida.

La Vida que ofrece tenaz y alevosa
la miel en el fresco labio sonriente,
la Muerte que llega, dulce y cautelosa,
con su paso humilde de reina haraposa
a darnos su beso de paz en Ja frente.

Ya todos sois idos, todos estais yertos,
rostros bondadosos, labios compasivos;
¡llevadme vosotros, corazones muertos,
que me despedazan corazones vivos!

Mi alma está poblada como un cementerio
con las negras cruces de lo que he perdido;
¡lo que no ha sepultado el Misterio,
va enterrando, piadoso, el Olvido!

Poema: Tierra Alta
Autor: Humberto Fierro Jarrín

Tarde.
El paisaje de selvas y peñones
cruza un vuelo de cóndores nevados,
que hacia los horizontes incendiados
se funde en tenebrosos nubarrones.

Y el cerro colosal que en los pedrones
afianza sus témpanos rajados,
vierte un río de gritos desolados
en el vórtice de hondas atracciones.

De repente, un picacho desprendido
baja a los arenales, rumoroso
como un tropel inmenso de corceles.

Muere el día. Un venado sorprendido
abandona el barranco pedregoso…
y el agudo ladrar de los lebreles.

Crepúsculo.

Han callado los mirlos. La infinita
melancolía de la tarde quieta
se entra en el alma, como en la ancha grieta
el agua que la peña precipita.

Hace frío, y en torno a la casita
casi nublada de la loma escueta,
cada alondra parece una saeta,
y el rosado del cielo se marchita.

El viento arrecia. Los caballos hinchan
sus narices y soplan y relinchan
hacia el bajío de la tierra maga…
…Y la luz tiene algo de piadosa:
parece una mirada cariñosa,
una mirada que al morirse embriaga…

Poema: En el blanco cementerio
Autor: Arturo Borja

En el blanco cementerio
fue la cita. Tú viniste
toda dulzura y misterio,
delicadamente triste…

Tu voz fina y temblorosa
se deshojó en el ambiente
como si fuera una rosa
que se muere lentamente…

Íbamos por la avenida
llena de cruces y flores
como sombras de ultravida
que renuevan sus amores.

Tus labios revoloteaban
como una mariposa,
y sus llamas inquietaban
mi delectación morosa.

Yo estaba loco, tú loca,
y sangraron de pasión
mi corazón y tu boca
roja, como un corazón.

La tarde iba ya cayendo;
tuviste miedo y llorando
te dije: Me estoy muriendo
por ti que me estás matando.

En el blanco cementerio
fue la cita. Tú te fuiste
dejándome en el misterio
como nadie, solo y triste.


Bibliografia

https://www.poemas-del-alma.com/blog/especiales/poesia-ecuatoriana
https://www.poemas-del-alma.com/blog/especiales/poesia-ecuatoriana https://www.lifeder.com/poetas-ecuatorianos/ http://www.flacso.org.ec/docs/antlitcarvajal.pdf

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